DISCÓBOLO

Por Yolanda Román.

discobolo“-¿No es cierto amigo Glaucón que quienes establecieron una educación basada en la música y la gimnástica no lo hicieron, como creen algunos, con objeto de que una de ellas atendiera al cuerpo y otra al alma?– ¿Pues con qué otro fin?– Es muy posible que tanto una como otra hayan sido establecidas con miras principalmente al cuidado del alma.-¿Cómo?-¿No has observado cómo tienen el carácter los que dedican su vida entera a la gimnástica sin tocar para nada la música? ¿Y cuantos hacen lo contrario?-¿A qué te refieres?– A la ferocidad y dureza en un caso, o blandura y dulzura en el otro.” (Platón, La República)

Uno, a medida que va viviendo y mirándose el vivir, puede reconocer su carencia y amar aquello que no es todavía pero que llegará a ser, porque está en su querer la posibilidad de hacerlo posible. Dijo Aristóteles y también Ortega, que el ámbito del ser humano es el ámbito de lo posible porque somos principalmente proyecto. Quiere decir esto que tenemos una manera de ser con vistas a lo venidero, al porvenir. Y también quiere decir que no estamos desde un principio definidos, acabados, concluidos. Shakespeare también dijo que estábamos hechos de la misma sustancia que los sueños. El amor es una fuerza sin la que no podríamos convertirnos en aquellos que estimamos ser. ¿Y qué estimamos ser? Sin duda alguna, hacernos una idea de cómo ser buenos, justos, bellos, no es nada fácil. Y tampoco es posible conseguirla previa a la vida, sino que se va tejiendo mientras se vive. Uno no puede dejar de vivir, salirse de la vida, para crear las formas que desea tener para luego volver y contar con ellas para moverse en el correr de su tiempo. Es por ello que somos educados, o lo que es lo mismos, acostumbrados a ser y hacer conforme a un fin, que se tiene por deseable y por deber, en aquella comunidad humana en la que por azar nacemos cada uno de nosotros. Es en esta realidad social humana donde la Música, que en la Grecia clásica, era un conjunto armonizado de sonidos, poesía y teatro, es una vena abierta y directa al alma humana. Es un arte a través del cual podemos acostumbrar al alma a unas emociones y no a otras. Podemos educar el gusto y así el carácter. Infundir en el alma del joven armonías que transportan emociones altas ligadas a valores morales y conocimientos intelectuales o no hacerlo. Hacer brotar del manantial recóndito y entrañado que somos, las formas precisas, los sentimientos precisos, que serán la condición de la virtud, la excelencia y la Belleza, o todo lo contrario. El fin, entonces, el rostro de esa excelencia, tiene que ser vislumbrado para reconocerlo, imitarlo y llevarlo al propio rostro. ¿Quién sabe el aspecto que tiene nuestra propia excelencia? Uno mismo debe ser su propio guía. Uno mismo debe mirar por sí mismo. Uno mismo es artista de sí. Uno mismo es el responsable de hacer algo con las circunstancias que le rodean. Ya que somos seres menesterosos y versátiles, la educación nos proporciona formas de ser y estar en el mundo y de comportarnos en él. Es por ello que ser educados es necesario y no es posible esto sin un fin al que se tiende. Cada uno de nosotros, a partir de cierta edad y conciencia, debe esforzarse por darse ese fin y el cómo llegar a él. Debe hacer de explorador. Uno mismo debe observar cómo quiere ser, quién quiere ser y cómo va a desenvolverse para lograrlo o lograrse ser así como pretende aunque se pierda o se duela por ello. Practicar una gimnástica prescindiendo de uno mismo es hacernos daño. El cuerpo no puede ser ejercitado sin sentido. Es decir, sin estar integrado en la empresa que cada uno es para sí mismo; cada tendón, cada órgano interno, la osamenta y la musculatura, la respiración y la posición correcta del cuerpo entero y de uno mismo con vistas a la ejecución de unos fines que a la vez no están separados de la vida. Todo junto, todo armonizado entre sí; concierto de elementos de los cuales tenemos conciencia y conocimiento pero con vistas a crear una sinfonía, una obra, una pieza, un sentido, un hecho, un acontecimiento que es uno mismo cada día.

“(…) el que mejor sepa combinar gimnástica y música y aplicarlas a su alma con arreglo a la más justa proporción, ese será el hombre a quien podamos considerar como el más perfecto y armonioso.” (Platón La República)

Una atención errónea al cuerpo consiste en una atención a la imagen que proyecta ese cuerpo ya que, probablemente, éste, quede desalmado. Es decir, separado de uno mismo. Esta situación es tan nefasta como uno mismo arrancado de su cuerpo. Ambas resultan ser un deshaucio; un estado de alienación. Negarse resulta algo que solemos hacer sin darnos apenas cuenta. Forzamos un aspecto, una apariencia, a pesar de nuestro ser original y distinto a todos. Forzamos una resistencia y una potencia y una elasticidad sin respetar al propio cuerpo y su ritmo respiratorio. Es decir, trabajamos sin conciencia y sin conocimiento. También forzamos una muerte en vida de nuestras articulaciones y músculos por no haberlos sometido nunca a una disciplina física, que nos educa el carácter en valores dignos de estima como la templanza, la prudencia, la concentración, la conciencia de mis posibilidades reales, la estrategia intelectual para conseguir fines, la humildad, el respeto, la posibilidad de admirar lo bien hecho, etc. O por no cuidarlos, al pensar que el reposo continuo es placentero y por ello bueno. Nos quedamos sin disfrutar del movimiento realizado con destreza y el placer de ser capaz de contar con el cuerpo para lograr un estado de gratitud para con la vida. Olvidamos sentirnos vivos en cuerpo y alma con demasiada indolencia. A si que en un caso forzamos un fin, por el que se nos premia con algún éxito mezquino, poniendo en peligro nuestra salud original y propia, considerando posible parecernos a un ideal que no hemos sometido a crítica. Y en el otro caso, nos dejamos a la satisfacción sin medida, es decir sin razón, de placeres que resultan nocivos luego.Una atención errónea al cuerpo es aquella que resulta del desconocimiento de nuestro propio cuerpo y de la ausencia de relación, por no haberla aprendido de nuestros mayores o buscado por nuestra cuenta ya en la edad adulta, entre nuestro cuerpo y nosotros mismos, la naturaleza y lo que amamos ser. Una unidad, una integridad, que si bien necesita del entrenamiento específico de sus partes, es un ejercicio, o un ensayo que jamás se desliga del Todo o Sentido.Una atención errónea al cuerpo, es decir, hipocondríaca, supersticiosa, dándole una importancia injusta “dificulta toda clase de estudios, reflexiones y meditaciones interiores, pues se teme constantemente sufrir jaquecas o vértigos y se cree hallar la causa de ellos en la filosofía; de manera que es un obstáculo para cualquier ejercicio y manifestación de la virtud (…)” Platón, La República.

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